Camino Portugués - Ruta costera
La Ruta Costera del Camino Portugués es una variante escénica que sigue la costa atlántica desde Oporto hasta Santiago de Compostela. Esta ruta ha ganado popularidad en los últimos años, con más de 74.758 peregrinos recorriéndola en 2024. En 2025, batió un nuevo récord con más de 75.502 peregrinos. 75.502 peregrinos, lo que supone un aumento del 20% en comparación con otras rutas. Los peregrinos de este camino disfrutan de impresionantes vistas de la costa, ciudades costeras históricas y una mezcla única de las culturas portuguesa y gallega, lo que lo convierte en una alternativa memorable para aquellos que buscan una experiencia de peregrinación marítima.
¿Por qué recorrer la Ruta de la Costa?
La Ruta de la Costa ofrece una alternativa refrescante y paisajística, que mezcla la espiritualidad de la peregrinación con la serenidad del océano Atlántico. Es ideal para quienes se sienten atraídos por el mar, el sonido de las olas, la brisa marina y las doradas puestas de sol que le guían hacia el norte. Este camino, establecido más tarde que la Ruta Central, se ha hecho cada vez más popular en los últimos años por su ambiente tranquilo y sus impresionantes vistas de la costa.
Lo más destacado de la Ruta de la Costa
Desde Oporto, la ruta bordea la costa a través de ciudades costeras como Vila do Conde, Esposende y Viana do Castelo, antes de unirse a la ruta interior cerca de Redondela. Podrá disfrutar de encantadores pueblos pesqueros, paseos marítimos de madera sobre las dunas, faros e impresionantes vistas del océano. El marisco es excepcional, y cada pueblo ofrece una cálida bienvenida y una muestra del patrimonio marítimo de Portugal.
Duración y dificultad
La Ruta de la Costa de Oporto a Santiago de Compostela se extiende a lo largo de unos 265 km y suele durar entre 12 y 14 días. El terreno es más suave que el del Camino Central, con largos tramos llanos a lo largo de la costa, ocasionales senderos de arena y cruces urbanos. Es una opción perfecta para quienes prefieren una caminata más fácil, el aire del mar y una sensación de tranquilidad, una peregrinación que alimenta tanto el cuerpo como el alma.